El viaje frutal en América Latina

Eres mi fruta favorita, te rompes en mi boca, me llenas de pepitas. Eres mi fruta favorita, te rompes en mi boca, melón y mandarina.

Amor Papaya – Carlos Sadness y Caloncho

El verso anterior son las primeras palabras que vienen a mi mente cuando pienso en las frutas y sus vibrantes colores, penetrantes olores y dulces sabores.

Mientras el viento de un día de verano en la Ciudad de México nos sacudía el cabello, los integrantes de SepaLaCiencia descubrimos que el 4 de agosto fue declarado como el día latinoamericano de las frutas. Al pensar sobre las frutas que comemos la gente que vivimos en América Latina vinieron a mi imágenes de cítricos, chocolate, tunas, papayas, aguacates, jitomates, piñas y una explosión de colores inundó estas memorias, por lo cual decidí escribir sobre las frutas que son originarias de esta región y que llenan de vida mercados, tianguis y hogares, ¿qué mejor tema para hablar el día de las frutas latinoamericanas?

Somos lo que comemos (y lo que podemos comer)

¿Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta que mi mente me jugó una broma e hizo un ligero cambio en el orden del nombre de la efeméride celebrada? Al empezar a investigar descubrí que el 4 de agosto en realidad es el día latinoamericano de las frutas, y no de las frutas latinoamericanas. Diferencia aparentemente pequeña, pero significativa. ¿Así que este día no se trata de celebrar la gran diversidad frutal de América Latina? Pues no, de hecho su origen es una propuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para recordar y sugerir a la gente que debemos comer más frutas, ¿qué está pasando en la salud y alimentación de la gente como para que se instaure una fecha como esta?

Región de origen de diversos cultivos
Fuente: CIAT

De acuerdo al Informe Sobre la Salud en el Mundo del 2002 publicado por la OMS, un factor de riesgo para la salud es el bajo consumo de frutas y verduras, el cual se asocia a enfermedades crónicas como la hipertensión; aumenta el riesgo de accidentes cerebro-vasculares y de diversos tipos de cáncer. Esto no quiere decir que al comer frutas y verduras tengamos una garantía de que no nos enfermaremos, sino que incluirlas en nuestra dieta es una forma de prevenir este tipo de alteraciones a nuestra salud. El factor de riesgo asociado al bajo consumo de frutas es relevante debido a que la OMS calcula que 2.7 millones de muertes anuales en el mundo se asocian a él; para darnos una idea: anualmente se muere más gente por enfermedades asociadas al bajo consumo de frutas que el total de personas que viven en Toluca, Estado de México, o que casi toda la población de la Habana, Cuba.

El informe de la OMS destaca que el bajo consumo de frutas y verduras no es igual en todo el mundo, pues en regiones como Europa Occidental cada persona ingiere, en promedio, 455 gramos al día, mientras que en América Latina y el Caribe (a excepción de Cuba) la ingesta es de sólo 185 gramos diarios, siendo que el consumo mínimo recomendado es de 400 g/día.

Es curioso que aunque en Latinoamérica se producen alrededor de 2500 toneladas de frutas al año el promedio de consumo esté debajo del recomendado, mientras que en Europa se rebase esta meta de consumo aunque allí sólo se produzcan 528 toneladas de frutas de forma anual. Es decir, existe una desigualdad entre el acceso que tienen las personas de una región u otra a la fruta fresca, y muchas veces la gente de las regiones donde se producen no llegan a consumirlas.

Frutas migrantes

Los patrones de dieta mundiales han cambiado drásticamente al menos durante los últimos 40 años, se ha aumentado el consumo de carne y de grasas en forma de mantequilla, harinas y alimentos procesados debido al aumento del ingreso per cápita de las personas, ¿pero, de cuáles personas exactamente? Los países desarrollados han sido los que han incrementado este ingreso, sobre todo en las clases medias, por lo cual han podido ampliar la adquisición de los alimentos mencionados, pero también de frutas frescas exportadas. Esta demanda de exportación provoca una fluctuación en los precios y una dependencia hacia los agroquímicos, pesticidas, e intermediarios, dependencia que permitiría seguir cultivando y que afecta principalmente a los productores, quienes viven, en su mayoría, en países donde los ingresos no son tan altos y pierden el poder de acceder a alimentos diversos y nutritivos.

aguacate en México 
cultivo
Monocultivo de aguacate
Fuente: CONABIO

Un ejemplo de esto son las llamadas frutas tropicales primarias: mango, papaya aguacate y piña; las últimas 3 son nativas de América Latina y componen el 75% de producción total de frutas tropicales que son exportadas; son producidas en un 98% en países en desarrollo, sin embargo, el consumo del 80% de estas frutas se realiza en Europa y Estados Unidos. Las presiones económicas asociadas a la exportación llevan a esta fuga frutal y traen no sólo consecuencias económicas y dietéticas, sino también ambientales.

Círculos viciosos

Volvamos a una de las frutas tropicales primarias: el aguacate. En Michoacán, México, existen extensas áreas de monocultivos dedicadas a la producción de esta fruta originaria de Mesoamérica. Su exportación, principalmente a Estados Unidos, representa para México uno de los negocios agrícolas más redituables, sólo para Michoacán su venta genera una ganancia anual de 33 mil 848 millones pesos, pero el costo ambiental es mucho mayor.

La producción de aguacate ha generado un cambio de uso de suelo acelerado en las regiones donde se siembra, se tumban bosques de diversas coníferas para plantar árboles de aguacate, y además de una sola variedad: el aguacate Hass, ni siquiera se incluyen las diferentes variedades nativas del país, lo cual provoca una pérdida de diversidad dentro de los mismos tipos de aguacates. Además, la erosión y deforestación provocada por este monocultivo genera una pérdida de la capacidad de retención de agua de los bosques, y como el llamado oro verde demanda mucha agua para su crecimiento, la medida para obtenerla es capturarla antes de que llegue al suelo, afectando a todo el ecosistema.

Hectareas destinadas al cultivo de Aguacate en México entre 1930 y 2012
Fuente:CONABIO

Los problemas ambientales generados por la producción del aguacate sin duda merecen un análisis más profundo, su propia nota, vaya. Aquí sólo he tratado de dar una perspectiva general y usar el ejemplo para realizar la siguiente reflexión:

Nos encontramos en lo que parece un espiral de problemas generado por los patrones de producción y consumo globales: el aumento de poder adquisitivo de algunas personas les permite comprar cosas que antes no podían (como el aguacate); este aumento en la demanda requiere que los agricultores cambien sus formas de producción, las cuales muchas veces tienen consecuencias ambientales que alteran los ecosistemas y por lo tanto hacen más difícil para el agricultor responder a la demanda, sus ingresos por lo tanto caen y no es capaz de acceder a alimentos nutritivos y diversos. Sólo hay que ver los precios en mercados del kilo del aguacate, ¿$80 pesitos por el kilo?, mejor nos aguantamos las ganas de un guacamole y compramos el sándwich empaquetado, que es más barato.

Seguridad alimentaria

¿Cómo se espera entonces que la gente aumente su consumo de frutas en América Latina cuando le rascamos un poquito más al tema y vemos el embrollo en el que estamos? Sería ingenuo dar una respuesta simple a un problema tan complejo. La verdad es que la alimentación deficiente y por lo tanto, los riesgo para la salud, son una situación que involucra factores sociales, ambientales, y económicos, abordarlo desde una sola perspectiva es insuficiente.

Nos encontramos en un escenario donde los países que producen los alimentos, podrían cubrir sus necesidades energéticas y nutricionales, y sin embargo esto no se logra debido a factores que ponen en riesgo la capacidad de tener acceso tanto físico como económico a una dieta que sea segura, suficiente y nutritiva, es decir que ponen en riesgo lo que desde los años 70 se ha llamado seguridad alimentaria, la cual debe existir a nivel individual, familiar, nacional y mundial.

Canasta de frutas
Autor: Fernando Botero

Latinoamérica diversa

¿Qué se puede hacer entonces? Parece ser que la diversidad y su respectivo manejo es la clave, el impulso del consumo local y la diversificación de los cultivos frutales, incluyendo frutas nativas, es decir, originarias de la región, son opciones para mantener la agrodiversidad de los ecosistemas, impulsar los mercados locales y mantener una dieta saludable tanto para consumidores como para productores, aprovechando la gran variedad de frutas, verduras, cereales y tubérculos que existen en una región como Latinoamérica.

De hecho, en América latina se encuentran 4 de los 10 países más biodiversos del mundo: Brasil, Colombia, Ecuador y México. Entre las frutas que son nativas de la región latinoamericana están las papayas, el aguacate, las piñas, las zarzamoras, por mencionar algunos nombres bastante populares, pero, retomando la importancia de la diversificación y el consumo local, quizá es buena idea aventurarnos a consumir frutas que no son tan comerciales y no por eso son menos deliciosas. En el caso de México tenemos pitahayas, pitayas, xonocostles, garambullos, ciricotes, chicozapotes, zapotes, guayas, nanches y una larga lista que explorar.

La próxima vez que vayamos al mercado o al tianguis, antes de comprarnos nuestra michelada con gomitas y escarchado de chamoy, ay, ¿qué eso no es lo que hacemos todos? Disculpen. Bueno, antes de escoger de qué será nuestro tlacoyo, observemos la oferta de frutos que hay ante nuestros ojos, aventuremos a probar frutas diferentes, si es posible locales, y durante el primer bocado pensamos en lo que representa esa fruta, de dónde vino, a quién la compramos, y cómo es nuestra situación para poder o no acceder a ella.

Playlist frutera

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