Artefactos de nuestra historia evolutiva

Más antiguos de lo pensado; migramos antes de lo reportado; no tuvimos un sólo sitio de origen; los primeros primates en correr; nuestros primeros tonos de piel no fueron claros; condenados a tener dolores lumbares; seguimos cambiando y nuestro ancestro  común sigue siendo incierto.

Fotógrafía del cráneo encontrado en la zona de Jebel Irhoud. Tomado de: theatlantic.com

Desde hace ya varias décadas atrás, han sido muchas las investigaciones sobre el origen de nuestra especie. La mayor parte de ellas concentran su investigación en África, donde tuvo lugar el hallazgo de  uno de los primeros cráneos con forma humana, en 1961, incidentalmente durante una excavación minera en Djebel Irhoud, Marruecos, al este del continente africano.  Anteriormente los investigadores hacían referencia a dicho cráneo como proveniente de un organismo antropomorfo. Años después fue estudiado a detalle asumiendo que perteneció a un Neandertal de 160 mil años de antigüedad.

Esa historia se siguió contando durante varios años más, hasta que un paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin continuó con las expediciones en la misma región en donde se encontró dicho cráneo, en el 2004. Planeaba asegurarse de la datación del cráneo con ayuda de una muestra de los sedimentos en donde estuvo contenido. No obstante, él y los estudiantes que lo acompañaban encontraron más restos, no sólo cráneos, algunas extremidades también. Lo cual dio pie a muchas otras posturas del origen de nuestra especie.

Mapa de distribución de algunos de los ejemplares de restos de homínidos, encontrados en el continente africano. Tomado de: sciencemag.org

Además de Djebel Irhoud han habido otros sitios arqueológicos, en donde se han encontrados restos de vida como instrumentos de cacería y restos anatómicos. En el mapa de la derecha se muestra la distribución geográfica de algunos de los hallazgos de ciertas especies Homo: sapiens, naledi, neanthertalis y otras arcaicas. Las últimas tecnologías de datación de fósiles han ayudado al avance de los estudios en gran parte, tanto que la última fecha reportada del origen de nuestra especie a partir de los restos fósiles hallados al sur de áfrica es 260 mil años. Aunque la mayor parte de los restos de Homo sapiens que han sido datados fueron encontrados en Djebel Irhoud, no necesariamente es correcto asumir que ese es el único lugar en donde se encontraban los primeros Homo sapiens. De hecho los investigadores comentan que debe ser considerado el clima que había en ese entonces, puesto que África se encontraba muy húmeda y el desierto de Sahara no se expandía a toda la zona norte del continente, así que puede ser que estas condiciones hayan influenciado en la regionalización, convivencia y entrecruzamiento de varios de nuestros ancestros en una zona con más alimento y mejor clima. Poco después, la desecación  cubrió la mayor parte de África en muy poco tiempo, por lo que los homínidos comenzaron su desplazamiento.

Buscando nuevas rutas

Los restos de Homo sapiens encontrados fuera de África datan los 90 -120 mil años de antigüedad. Sin embargo uniendo nuevos cabos a través de los recientes hallazgos, en este caso a través de una dentadura encontrada en la cueva Misliya, en Monte Carmelo, Israel, sabemos que muy probablemente nuestros ancestros dejaron el continente africano aprox. 40 mil años antes.   Se han descrito con ayuda de diferentes métodos de análisis cada resto encontrado, pero lo que aún es nuevo y muy eficaz es el uso de análisis genético de los mismos. Incluso se ha abierto una nueva línea de estudio, la arqueogenética. Gracias a estas perspectivas de análisis se han propuesto nuevas teorías que expliquen la migración del Homo sapiens.

Mapa de las teorías sobre el origen de las poblaciones del Norte áfrica (Panel Izq) y las de América (Panel Der). Tomado de: sciencemag.org

De acuerdo con el resultado de la investigación del grupo de Antonio Torroni en la universidad de Pavia, Italia,  de los restos fósiles analizados provenientes de zonas aledañas al continente africano, encontraron dos genes ancestrales diferentes, que permiten trazar rutas de desplazamiento significativas con el origen de las poblaciones actuales. Siguiendo la imagen de la izquierda, las rutas que hipotetizan la población de otras regiones del mundo son por un lado, de la población de Marruecos ya que proponen que los ancestros con el gen A regresaron desde las regiones de Israel y el este medio de África hace aproximadamente 20 mil años. Mientras que por el otro,  la descendencia y origen de población del continente americano es una mezcla de ambos genes, A y B. Ambos arribaron por el cruce de los glaciares que estaban presentes hace 17 mil años; comenzando el mestizaje en el Norte de América, y continuando el desplazamiento hacia las regiones del sur.

Consecuencias de nuestra exploración

Sabemos que una de las modificaciones anatómicas que ocurrieron en el proceso evolutivo de los homínidos fue el bipedismo, a través de principalmente el acortamiento de nuestras caderas así como el alargamiento de la columna vertebral, lo que permitió y dio paso a otras modificaciones de huesos tanto de extremidades como de la cabeza y torso. Dichas modificaciones fueron cruciales en el inicio de la locomoción del humano. De hecho, a partir de ellas los mismos pudieron caminar y dejar por una parte, el sedentarismo. Más aún, Denis Bramble y Daniel Lieberman mencionan en una de sus investigaciones, la posibilidad de la adquisición de otra ventaja que, el Homo sapiens  al adquirir modificaciones que lo distinguen como especie, facilitara su locomoción haciéndola más efectiva y rápida, dejando a la caminata como una forma de desplazarse, siendo aún más eficaz la carrera larga. Es decir, según Bramble y Lieberman, correr como actividad de desplazamiento no era considera como una ventaja fundamental en nuestra especie, ya que somos inútiles corriendo distancias a comparación de otros mamíferos cuya fisonomía sobresale en ello, como felinos y caballos. De acuerdo a sus comparaciones morfofisiológicas, correr fue crucial en el desarrollo evolutivo del humano, ya que la capacidad que adquirimos de mantener una carrera durante largas distancias y a una velocidad promedio está siendo subestimada, sin considerar el que seamos los únicos primates capaces de correr. Sabemos que la acción de correr conlleva un gasto de energético, dependiendo del ritmo y de la distancia que llevemos. Comparando con otros mamíferos, el gasto de energía que se tiene durante una carrera larga en humanos, es menor, pero mayor si consideramos ese gasto de energía en función a nuestra masa corporal. No obstante las curvas de velocidad contra gasto de energía entre diferentes mamíferos, indican que el ser humano es capaz de mantener el mismo gasto energético sin cambios durante una velocidad constante. Los caballos, por ejemplo, cambian esta constancia a los 10-15 min de galopar, en promedio, lo que quiere decir que aunque corran a mayor velocidad, es más difícil para ellos desplazarse mayor distancia con la misma velocidad.

Probablemente la adquisición de la carrera no fue única del Homo sapiens, es difícil establecer desde qué punto evolutivo el género homo empezó a ser un corredor, debido a las deficiencias de los restos fósiles. Por ello, basándonos en las características anatómicas, el punto de equilibrio de nuestra fisionomía, la termorregulación y la biomecánica del cuerpo humano en la carrera, se hipotetiza que inició en nuestra especie.

Al mismo tiempo, a partir de que nuestros ancestros comenzaron su desplazamiento, las modificaciones anatómicas que previamente había adquirido beneficiaron gran parte de su nueva forma de vida. Otra de las modificaciones que tuvieron fue la pérdida de pelo y como consecuencia la variación de tonos de piel. De acuerdo con Nina Jabloski, el primer tono de piel que se hipotetiza fue el más oscuro. Si comenzamos con la explicación de qué es lo que origina el color de la piel, tendríamos que nombrar a la melanina que es un pigmento producido por células de la piel, conformado por aminoácidos (subunidades de proteínas) que se encuentra en las capas más superficiales de la misma. Es decir, este pigmento que se encontraba en las células de la piel, muy probablemente tuvo una mayor expresión y secreción una vez que el Homo sapiens, perdió el pelo corporal. Escribo con énfasis en la probabilidad de esta idea, ya que en los restos encontrados, la piel no se conserva ya que es de los primeros en degradarse por ser un tejido blando. Además de que en un organismo muerto, las células de la piel se deshidratan y en ese proceso pierden su coloración. Basándonos en la existencia de dicho pigmento en el resto de los mamíferos, podemos llegar a la idea de que los factores climáticos que conllevaron a una mayor exposición de la piel a los rayos solares, provocaron una adaptación que conllevó la secreción de mayor melanina y como consecuencia colores muy intensos de piel.

Cicatrices de la evolución

No todos los cambios anatómicos que tuvo nuestro esqueleto tienen una buena adaptación. Las modificaciones más drásticas fueron las que nos permitieron dejar de ser cuadrúpedos y pasar a ser mamíferos bípedos. Entre estos cambios, hubo un desajuste en el equilibrio y centro de gravedad por la reorganización y ajuste óseo. La disposición de la columna vertebral, el soporte de nuestro eje, distribuido entre nuestras caderas, extremidades y torso, no nos dan el balance perfecto. Nuestra columna vertebral tuvo que encontrar acomodarse por sí misma hallando la mejor manera adquiriendo la forma de una s alargada.

Curiosamente durante nuestro desarrollo la columna vertebral no tiene esta forma. Es después de nuestro nacimiento que comienza a curvarse y una de las razones por la que a ciertas edades comenzamos a sostener nuestra cabeza, pararnos y caminar. Esta es una de las primeras cicatrices de nuestra evolución, ya que la distribución del peso recae en la curvatura posterior, justo en las vértebras lumbares, además de la inestabilidad que adquirimos en las últimas vértebras de la columna, las sacras, ambos defectos hacen que, aunque mejoremos nuestra postura al andar, al sentarnos, llevemos una vida activa, nuestras vértebras bajas eventualmente nos darán de qué quejarnos.

La siguiente cicatriz evolutiva es la que nos deja el ser propensos a tener hernias, debido a la distribución y modificación de los huesos que conforman la pelvis, siendo esta además de la columna vertebral, una de las estructuras principales que nos permiten caminar, pero que similar a las últimas vértebras de nuestra columna, resulta una estructura inestable por la mala distribución de peso que conlleva su forma. Más aún, el único soporte muscular que tiene es nuestra pared abdominal. Considerando que carga la mayor parte de nuestro peso y por si fuera poco las vísceras abdominales también, si nuestros músculos abdominales fueran más fuertes de lo que son realmente, nuestra condena sería otra.  Por otro lado, quizás varios de nosotros conozcamos a alguien o incluso padezcamos de mala circulación, manifestadas como varices o hemorroides, eso también puede explicarse como otra cicatriz evolutiva, ya que la posición de nuestro corazón quizá esté muy arriba haciendo más largo el transporte de sangre hacia las venas que irrigan nuestras extremidades, favoreciendo en gran parte las varices. Otro órgano afectado por algo similar es nuestro intestino grueso. Al tener una desembocadura larga y vertical, la irrigación y presión sanguínea se complican en la evacuación resultando muchas veces en hemorroides. Finalizando con la lista de varios de nuestros defectos adquiridos a través de la evolución, se  encuentra la desproporción de tamaño entre la reducción del cráneo y como consecuencia de nuestros huesos maxilares, con nuestros dientes. La famosa muela de juicio resulta en muchos casos un martirio como consecuencia de dicha desproporción.

Lo que todavía no sabemos, pero suponemos..

De los últimos hallazgos (del 2002-hasta ahora), sabemos que la distribución o posibles puntos de origen de nuestra especie se encuentran en el continente africano. Sin embargo, el primer cráneo con forma antropomórfica fue hallado en Pekín, China. Posee características similares al Homo sapiens, pero al mismo tiempo se diferencia. Por ello durante mucho tiempo fue considerado como una variación de especie del género Homo. Por muchos años, no se siguieron estudiando, hasta que a principios de Julio de este año, encontraron más ejemplares en otras regiones de China, que de acuerdo a su datación son más antiguos de los encontrados hasta ahora en África. Lo que pone nuevas cartas en nuestra historia evolutiva y también nuevos retos a los métodos de análisis de los restos fósiles, para tratar de entender cómo es que llegamos hasta donde estamos ahora.

Hasta ahora, las fuentes de información no son claras al respecto de estos últimos hallazgos, pero lo que sí tenemos claro es que nuestra especie no surgió en una sola región, y aunque nuestro ancestro en común sea incierto aún, algunos arqueólogos y antropólogos sugieren que puede tratarse de más de un ancestro del que provenimos.

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