Del ave al avión, un solo impacto.

 

 

 

De niño tuve la oportunidad en varias ocasiones de volar en un avión. Me intrigaba y maravillaba saber que un enorme cuerpo metálico podía navegar sobre nubes, emprender viajes extensos y llevarnos en poco tiempo a lugares tan lejanos. Mi primer viaje me marcó porque sabía que en algunos minutos estaría compartiendo un espacio inmenso y desconocido con seres que surcaban los cielos y andaban con total gracia y libertad; y que además se habían adueñado de él desde hace varios millones de años. Hace sentido ésta atracción hacia los surcadores de los cielos ya que desde tiempos muy antiguos mostramos como especie humana una fascinación hacia esas capacidades tan ajenas a nosotros.

Contamos historias como la de Ícaro y su padre Dédalo; el cual fabricó unas alas con plumas de ave que se encontraban tiradas para poder salir de una isla en la que estaban prisioneros. Con el tiempo la admiración y recelo a la capacidad de volar de las aves se transformó en contemplación y estudio. Así lo podemos ver en uno de los primero trabajos que se realizaron sobre el vuelo de las aves gracias al análisis morfológico que Da Vinci había realizado, allá en el siglo XVI. Incluso llegó a proponer, quizá, una de las primeras máquinas, que según algunos expertos, hubiesen podido surcar los cielos de forma similar a las aves, de no haberse adelantado a su tiempo. Posteriormente, también se vio reflejado en la construcción de planeadores a principios del siglo XX y donde los hermanos Wright utilizaron las bases aerodinámicas presente en las alas de las aves para los primero vuelos exitosos. Estos pioneros en la aeronáutica lograron desarrollar un avión que realizó el primer vuelo motorizado que recorrió unos 83km. Ahora estas bases nos permite volar hasta 14,500 Km en menos de un día, como el caso del vuelo de Doha, Qatar a Auckland, Nueza Zelanda.

No sólo son modelos

Eumomota superciliosa. Sitio arqueológico Uxmal, Yucatán, México. Por Katja Schulz, Flickr

 

Cuando vives en la ciudad tu vida puede volverse caótica y apresurada. Olvidamos incluso que vivimos en una sociedad y un ambiente donde convivimos con todo tipo de personas y situaciones. Esta burbuja la vivía y nunca me había permitido ver lo realmente cercano y cotidiano que convivíamos con una amplia diversidad de insectos, aves y mamíferos, así como otras especies que llenan de color y sabor la monotonía citadina. Una experiencia que cambió mi perspectiva, a demás de estudiar biología, fue en uno de mis últimos viajes en avión, hace ya un buen tiempo. Tuve la oportunidad de participar en un voluntariado en Yucatán en la comunidad maya de Sabacché, Un lugar pequeño y bastante lejos de la capital. Ahí viví y comprendí las relaciones intrincadas humano-ambiente, muy particularmente que existían hacia las aves.

La península de Yucatán fue la zona donde se desarrolló la cultura maya y donde se alberga una diversidad de más de 456 especies distintas de aves residentes, migratorias y endémicas, casi el 45% de la diversidad de avifauna en México. Es por ello que no era de sorprender que la gran parte de éstas especies tienen un nombre, a demás del común y el científico, en maya. Incluso aún forman parte de la cosmovisión y fiestas como el caso del pájaro reloj (Eumomotus supercilliosa) al cual llaman pájaro Toh y tiene su propia leyenda.

El último día, ya en el aeropuerto, seguía impresionado sobre la cantidad de sonidos y colores que había experimentado con la observación de aves y las amplias formas y hábitos que éstas tenían. Tras abordar al avión y al mirar porla ventana recordé la primera ocasión que abordé el avión y todos los sentimientos de admiración que tuve sobre estos cuerpos con plumas. Entonces caí en cuenta que para regresar a la ciudad tenía que usar el espacio donde las aves tenían su reinado, pero a través del uso de un cuerpo enorme y de metal. ¿Acaso sería que tras estos 100 años de compartir más que la tierra habríamos llegado a convivir en armonía en el cielo?

Nos apropiamos del cielo

El 15 de enero de 2009 el vuelo AWE1549 proveniente de la ciudad de Nueva York despegó destino a Charlotte, Carolina del Sur. Después de unos minutos del despegue y en maniobras de ascenso para ganar altura, la aeronave Airbus 320, se reportó en emergencia debido a una falla por el impacto de un objeto en el fuselaje y los motores. Este encuentro provocó un daño que dejó al avión sin la capacidad de mantenerse en el aire y obligó a los pilotos a acuatizar en el río Hudson de la ciudad de Nueva York. Afortunadamente la tripulación y los 148 pasajeros sobrevivieron, sin embargo el Airbus 320 quedó inoperable.

Foto de CNN, 15/01/09

 

Tras un peritaje ala aeronave, que fue rescatada, el instituto Smithsoniano determinó que el avión se encontró con una parvada de gansos canadienses (Branta canadensis) a una altura de 900 metros donde dos machos y una hembra fueron tragados por los motores que resultaron dañados tras el “birdstrike”. El avión actualmente se encuentra en el Museo de aviación de Carolina del sur como un recordatorio de la importancia de la vida silvestre en la aviación. Branta canadensis es un ave migratoria y una de las más grandes de América del norte llegan a pesar hasta 4 kilogramos, tener una longitud de 1.8 (de ala a ala) y volar hasta un máximo de 900 metros de altura.. En los últimos años su población ha aumentado considerablemente y se le ha denominado incluso como una vaca voladora debido a los número en que se mueven. 

Un Birdstrike, como se dice en la jerga aeronáutica, es el evento de colisión entre un ave y cualquier parte de una aeronave. Los eventos más comunes se generan dentro de los 150 metros de altura que se atraviesa para los despegues y aterrizajes, sin embargo, se han registrado colisiones hasta los 1,000 metros de altura. Incluso sucedió una colisión con un Buitre de Ruppels a 11,300 mts de altura en Costa de Marfil. Recientemente, también en Enero pero de 2018, el vuelo KL685 Ámsterdam – México tras unos minutos después del despegue se reportó en emergencia debido a la colisión con un ave, lo cual obligó a la aeronave a regresar al aeropuerto en donde los pasajeros tuvieron que reprogramar su vuelo debido a que la aeronave tuvo que someterse de manera obligatoria a una revisión exhaustiva.

Más comunes de lo que pensamos.

Los encuentros entre aves y aviones no son tan atípicas, la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos ha reportado, hasta el año pasado, un aproximado de 200,000 colisiones con aves desde que se empezaron a reportar de forma protocolaria en 1990. En el reporté se observa que a partir del año 2000 cuando los vuelos comerciales aumentaron también lo hicieron las incidencias con aves y en el 2015 habían 32 colisiones por cada 100,000 vuelos. Sin embargo, se sospecha que el 80% de los eventos no son reportadas, cosa preocupante ya que en el 2014 se dio un informe donde habíamos alcanzado un promedio jústamente de 100, 000 vuelos diarios en el mundo.

Ave impactada en la cabeza de un avión.

Los registros globales desde 1988 han reportado que al menos 282 personas han muerto a causa de la colisión con aves y más de 247 aeronaves han sido destruidas por la misma causa. Se ha calculado que el costo directo a la industria aérea a nivel mundial es de aproximadamente 1.2 billones de dólares por año debido a la colisión con la avifauna. Además, se estima que en el continente se genera una cifra de pérdidas de 500 millones de dólares y cada año va en aumento. En Norteamérica las colisiones de mayor importancia económica han sido aves como pelícanos, garzas, garcetas, avetoros, águilas, buitres, halcones, gaviotas, palomas y aves acuáticas diversas. Cada grupo genera pérdidas monetarias entre 10 millones y 250 millones de dólares, sin embargo, sólo el 63% se identificadan ya que en ocasiones no quedan restos o evidencias que permitan saber con seguridad su especie.

Si bien afortunadamente no ha habido una alta tasa de decesos desde el aumento de la demanda de viajes aéreos. Ha sido, en parte, porque se han desarrollado materiales y estructuras que resisten a las colisiones. Se estima que sólo el 8% de estos eventos causan un daño al vehículo, sin embargo, y a pesar de los avances, aún es necesaria la revisión exhaustiva de las aeronaves por lo que es necesario aterrizar en el aeropuerto más cercano una vez se registran tales eventos.

No saben responder a nosotros

Los organismos nos defendemos de las amenazas de formas muy distintas, desde la liberación de sustancias tóxicas, caústicas o de mal olor hasta reacciones como fingir la muerte, aparentar ser una amenaza o bien maniobrar para la huida. A esta acción se le denomina respuesta antidepredador y suelen estar ligadas a las relaciones depredador-presa. Se ha observado que cuando a una organismo se enfrenta a un depredador con el cual no había tenido relación anteriormente, su respuesta antidepredador no es eficiente. Por ejemplo, esto suele suceder en las relaciones de especies endémicas de una zona y las introducidas generalmente por el humano. Otro caso como el de especies invasoras como el pez león (Pterois volitans) un devorador de peces bebé que actualmente es una plaga en las costas del Golfo de México y en el Caribe.

La respuesta antidepredador también se ve poco eficaz cuando un organismo se encuentra frente a un vehículo y este trata de esquivarlo, ya que la velocidad a la que viaja es mayor que la de sus depredadores habituales. Ésto se ha reflejado en los múltiples atropellamientos en carrertera de diversos animales como venados (Odocoileus virginianus) y jaguares (Panthera onca). En el caso de las aves la respuesta antidepedrador que realizan, generalmente, es el emprender vuelo lo antes posible, Ésto es un problema en los aeropuertos pues las pistas de aterrizaje son un imán debido a la facilidad con la que los animales podían encontrar alimento. Y no podemos olvidar que la mayoría de los birdstrikes ocurren en las etapas de vuelo y despegue.

No obstante, en vuelo, la respuesta de las aves varía y cambia según el tamaño de la especie. Por ejemplo, al estudiar a las especies que fueron señaladas como responsables de colisión se reportó que, a diferencia de lo que uno podría pensar, a aquellas aves como el cernícalo americano (Falco sparverius) que tenían una longitud de alas menor y se caracterizan por ser más ágiles, tienen un mayor número de colisiones en comparación con aquellas aves como el pelícano (Pelecanus erythrorhynchos) con alas de gran longitud y con poca maniobrabilidad, que tuvieron un menor número de incidentes. Esto podría estar asociado a que las aves de mayor tamaño pueden volar a mayor velocidad, lo cual les darías una apertura de más tiempo para poder esquivar a un aeronave.

Y así es, de forma resumida, como va nuestra relacióntras comenzar a ocupar un mismo espacio. Si bien es cierto que actualmente los birdstrikes no son una amenaza importante para la aviación, salvo por las pérdidas millonarias que éstas pueden acarrear. Sí lo es de manera inversa puesto que hasta hace apenas unos años se ha comenzado a investigar entorno al impacto que tiene la aeronáutica en los ecosistemas y las relaciones que tiene con las poblaciones de avifauna. Sobretodo es de interés en lugares denominados megadiversos como México que es el quinto país con el mayor número de aves registradas con un aproximado de 1088 especies o como Colombia que ostenta la batuta en el mayor número de especies de aves con un aproximado de 1870.

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