Hoy por ti, mañana también

Hoy por ti, mañana también

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Una tribu integrada por muchos miembros (…) siempre dispuestos a ayudarse mutuamente y a sacrificarse por el bien común vencería a la mayoría de las demás tribus; esto sería selección natural.

     El origen del hombre. Charles Darwin. 

Una tarde sentada en el parque, un despliegue de movimientos coordinados de minúsculos  puntos que entraban y salían de un pequeño agujero que rompía el pavimento, captaron mi atención. Era un grupo de hormigas que al parecer se preparaba para resguardarse del agua que traían las nubes que pintaban lentamente el cielo de gris. Una semana anterior,  un hormiguero apareció de la noche a la mañana en el patio de casa, lo que me orilló a una búsqueda de datos que nos ayudara a dirigir a la colonia a un lugar lejano del festín, que seguramente serían las plantas del jardín. Encontré varias conductas interesantes, secundarias a esa coordinación y trabajo arduo que comúnmente se le atribuye a las hormigas, por ejemplo: hay algunas especies que forman balsas con sus cuerpos cuando el hormiguero se inunda, colocando a la reina en el centro, y a las crías en la base porque,  aparentemente, flotan. Y precisamente las crías también son de la reina, a las obreras se les ha otorgado el trabajo de cuidarlas, a costa de no tener ellas la capacidad de reproducirse ¿quién aceptaría una vida así? A las hormiguitas no les molesta, es parte de su compleja organización social. Y no son las únicas, por ejemplo, las leonas que amamantan a los cachorros de otras, o los monos que despiojan a los otros miembros de su grupo. En los humanos, también es posible encontrar ejemplos, recuerdo la historia narrada por la Dra. Abigail Marsh, de cómo un hombre desconocido la ayudó en un accidente automovilístico, arriesgando su vida en tal acción. Así pues, parece que los animales nos ayudamos en un sinfín de actividades, que van desde procurarnos sustento, defender el territorio y hasta buscar pareja. Y aunque aquellos dispuestos a cooperar no arriesguen su vida, sí se aventuran a reducir su propio éxito reproductivo, en beneficio de otros. 

…me limitaré a una dificultad especial, que al principio me pareció insuperable y realmente fatal para toda la teoría. Me refiero a las hembras neutras o estériles de las sociedades de los insectos, pues estas neutras, frecuentemente, difieren mucho en instintos y conformación, tanto de los machos como de las hembras fecundas y, sin embargo, por ser estériles, no pueden propagar su clase.

El origen de las especies. Charles Darwin

¿Ayudamos a los demás para ayudarnos a nosotros mismos?

En 1851 el filósofo francés Auguste Comte, acuñó el término «altruismo» como antónimo de egoísmo. Se define como altruismo a la preocupación por el bienestar de los otros, que se manifiesta con acciones intencionadas que en ocasiones requieren un costo, en términos de tiempo, energía, placer y riesgo del sujeto que lo practica. 

Se encuentra la postura de que el altruismo no existe y se defiende desde el pensamiento filosófico, político, económico y biológico. No niegan que existan los actos altruistas, si no las razones o motivos altruistas. Exponen que algunos egoístas eligen ayudar a otros, como un medio para alcanzar sus propios fines. Algunos otros utilizan la explicación que la recompensa neurológica, de obtener las sustancias en nuestro cerebro que nos hace sentirnos bien, como los neurotransmisores serotonina y dopamina, es lo que se consigue al ayudar a los demás. Por lo que, sí existe un motivo para ayudar, quizás no tan obvio para quienes lo ejecutan.            

Altruism-Tiffany-Bozic

Por otro lado, desde el punto evolutivo, el altruismo guarda una estrecha relación con la organización y función del grupo. Es obvio que algo está eficientemente organizado, cuando sus partes trabajan conjuntamente de una manera coordinada para alcanzar un fin. Si recordamos, la selección natural se basa en qué tan eficiente biológicamente es un organismo, y la forma de ayudar al bienestar del grupo, no maximiza el éxito y eficacia de los individuos integrantes. Además la organización del grupo se adquirió evolutivamente por selección natural entre otros grupos. Charles Darwin abordó el problema que significaba explicar la vida social, y específicamente de cómo el altruismo y otros valores morales, así como la cultura, pudieron evolucionar sobre la base de la selección entre individuos dentro de un mismo grupo, y lo podemos encontrar en el siguiente pasaje de “El origen del hombre”: «No debe olvidarse que, aunque un elevado nivel de moralidad aporta escasa ventaja, sí alguna, a cada hombre y a su progenie sobre otros hombres de su misma tribu, un incremento en el número de hombres cabales y un avance en el nivel moral aportará sin duda una inmensa ventaja de una tribu sobre otra. Una tribu que incluyera muchos miembros que, por poseer un elevado grado de espíritu de patriotismo, lealtad, obediencia, coraje y compasión, se hallaran siempre prestos a ayudarse mutuamente y a sacrificarse por el bien común, vencería sobre la mayoría de las demás tribus, y ello sería selección natural. En todo el mundo y a través de los siglos, unas tribus han suplantado a otras. Y, puesto que la moralidad constituye un elemento importante en su éxito, el nivel moral y el número de hombres cabales tiende a crecer por doquier». 

Eusocialidad

Confieso que como romántica empedernida, deseo que el término altruismo tenga como  justificación la expresión de un rasgo casi heroico y abnegado. Sin embargo, reconozco que existen varios problemas con el término, pues utilizarlo para describir lo que parece un conjunto de conductas igualmente complejas, nos limitaría en explorar las implicaciones biológicas en el comportamiento. 

En 1966 Suzanne Batra ayudaba a disecar un poco más el término de altruismo. Ella  propuso utilizar el término de eusocialidad, para describir las acciones en las que algunos individuos reducen su propio potencial reproductivo de por vida, para criar la descendencia de otros. Explicó que la eusocialidad subyace a las formas más avanzadas de organización social y sería por lo cual ecológicamente los insectos sociales, y para algunos investigadores  como Nowak y Wilson, (2012) también los humanos, resultan ser dominantes. Básicamente es una mezcla compleja y calibrada sutilmente de altruismo, cooperación, compensación, dominio, reciprocidad, defección y engaño. 

Por si fuera poco, nuestra organización social como humanos, cambiante, diversa e intrincada como es, requirió un grado de inteligencia, que nos permitiera, por ejemplo: sentir empatía con los otros, medir por igual las emociones de amigo y enemigo, juzgar las intenciones de todos y planificar una estrategia para las interacciones sociales. 

Entre otras cosas, el cerebro debía construir rápidamente escenarios mentales de relaciones personales, a corto y a largo plazo. Sus recuerdos tenían que viajar en el pasado para evaluar escenarios y en el futuro distante para imaginar las consecuencias de cada relación. Operando en posibles planes, se hallaba la amígdala, que es una pequeña región cerebral que junto con otros centros del cerebro y del sistema nervioso autónomo, se encarga de controlar las emociones. Básicamente así fue el nacimiento de la sociedad  humana, egoísta unas veces, altruista otras, si es que habría que calificarla de alguna manera.

Cinco mecanismos de cooperación. 

Todo apunta, que en lugar de ser los seres más competitivos los que han logrado un mejor desarrollo de sus sociedades, son más exitosos por el contrario, los más cooperadores. Tal parece entonces que la cooperación ha sido, desde el principio, una fuerza motriz en la evolución de la vida en la Tierra. Ya que se encuentran conductas de cooperación en toda clase de organismos, desde las amebas hasta los elefantes. 

Se han descrito cinco mecanismos de cooperación: reciprocidad directa, selección espacial, selección por parentesco, reciprocidad indirecta y selección de grupo. Lo que nos deja con la siguiente reflexión: la vida no se limita a una lucha por la supervivencia, sino que es también colaboración por la supervivencia.

Ahora me pregunto cuántos de estos mecanismos me quedan por conocer sobre la organización de las pequeñas hormiguitas que se encuentran a mis pies, que aparentemente la mayoría se resguardó en el subsuelo de este parque. ¡Oh! tal y como lo previeron, ¡Ya cayó la primera gota del cielo!.  

FUENTES

Darwin, C., & Cordón, F. (1982). El origen del hombre (No. 2). Edaf.

Nowak, M. A. (2012). ¿Por qué cooperamos?. Investigación y ciencia, (433), 18-23.

de Waal, F. B. (2014). Raíces del espíritu cooperativo. Investigación y ciencia, (458), 54-57.

Grimalda, G. (2017). Cooperación e imagen social: evolución de la conducta humana. Mente y cerebro, (83), 27-29. 

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