Hace algunos meses, después de un día intenso en el laboratorio creí haber realizado la acción buena del día. Esto ocurrió en una tarde-noche dentro del transporte público de la Ciudad de México. Mientras intentaba aferrarme a cualquier objeto para mantener el equilibrio al mismo tiempo en que el vehículo avanzaba, logré escuchar cuando una persona le dijo a quien se encontraba a un costado mío “tienes un insecto en tu hombro”. El hombre enseguida respondió con un asustado “¡quítamelo!”, por lo que mi instinto de biólogo inmediatamente buscó rescatar al bicho, pensando en colocarlo posteriormente en cualquier sitio con vegetación. Las patas caminantes del animal lograban sentirse en mis manos que lo rodeaban, sin embargo, me dejé de percatar de ello cuando llegó el descenso de personas en una estación bastante concurrida. Desafortunadamente, entre los empujones y los esfuerzos por dejar salir a los demás usuarios, supe que jamás volvería a tener contacto con ese bicho. Su suerte pudo haber tenido dos desenlaces: 1) sobrevivió a la caída y los pies de las personas y encontró algún arbusto en donde habitar, o 2) ¡pobre Willi!

¿Qué es un Willi?

“Willi” es el nombre común que reciben las chinches con el nombre científico Stenomacra marginella, la única especie de su género (Stenomacra) en México.

Ninfas y adulto de Stenomacra marginella. La coloración anaranjada-rojiza tiene una forma romboidal en las ninfas y en los adultos se presenta en los contornos. Tomado de http://entomoblogg.blogspot.com. Fotografía: Valeria Cuellar.

Estos famosos insectos de color negro y naranja o rojo en su dorso, suelen habitar durante todo el año en los árboles de zonas urbanas del país. En muchos casos son tan abundantes que pueden formar plagas debido a que no presentan depredadores naturales. Generalmente consumen la savia de los frutos y las hojas de plantas como el eucalipto y el tepozán, de las cuales obtienen agua, azúcares, nutrientes y minerales (aunque también pueden canibalizar a sus propios huevecillos y larvas). Pese a que esto puede debilitar a las plantas, solo en pocas ocasiones causan su muerte. Pero ¿pueden dañar a los humanos? (esta es una pregunta seria cuya respuesta le podría haber ahorrado un mal rato y un pequeño grito al usuario del transporte público) … Debido a su coloración, comúnmente estos insectos siembran la duda de si son venenosos para las personas. Sin embargo, esa coloración solo funciona como una advertencia para sus depredadores sobre su sabor desagradable, por lo que les previene de ser comidos. Por ello, estos animales son inofensivos para los humanos, aunque, como atestigua el relato inicial, suelen ser desagradables debido a que se adhieren a la ropa o se internan en los hogares de las personas.

Las enseñanzas de un insecto

Considerando en conjunto mi experiencia cercana con un Willi, las características biológicas de estos animales y la molestia que pueden provocar a las personas en ambientes urbanos, estos insectos nos invitan a mirar un escenario digno de preocupación: la gente cada vez es más ajena a la naturaleza, la desconoce. Las razones pueden ser muy variadas y multifactoriales, pero lo más alarmante de este alejamiento radica en el impacto que ha tenido o que puede tener sobre la naturaleza y sobre nuestro propio bienestar.

El estilo Willi. Durante el mes de mayo, la reproducción en estos insectos polígamos (machos y hembras tienen más de una pareja) ocurre por la unión de sus genitales localizados en la parte posterior de su cuerpo, por lo cual es común encontrarlos unidos “de espaldas”. En particular, los machos presentan estructuras conocidas como “clampers” que les permite tener éxito durante la cópula. Tomado de http://picssr.com. Fotografía: Carlos Mancilla.

Quizá el caso con menos consecuencias es el que pudo ocurrirle a mi compañero de viaje, en donde el desconocimiento de su carácter inofensivo por una persona pudo haber tenido resultados desfavorables para su supervivencia, o donde el estrés de la gente habría provocado el mismo desenlace. Sin embargo, valdría la pena ponderar qué proporción de problemas tan amplios como el derretimiento de los casquetes polares, el cambio climático, las olas de calor, las islas de basura, la degradación de los suelos, la deforestación o la defaunación (por mencionar algunos ejemplos), está relacionada con nuestra falta de comprensión del entorno natural en donde vivimos y nuestra dependencia del mismo. Considero que dicha fracción es amplia, aunque también soy un fanático de creer que comenzar a hablar de ello es uno de los pasos que nos permitirían revertir esta situación. Mientras les invito a meditar este escenario en memoria del Willi, mantendré la esperanza de que en sus últimos momentos recibió estímulos agradables y que, mejor aún, sobrevivió y dejó descendientes al puro estilo Willi.

 

 

 

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